Los únicos hipoacúsicos que trabajan en el Centro Cívico
31 de Mayo de 2008 en Noticias de Sordored
esde la mesa de entradas de la Dirección de Planeamiento y Desarrollo Urbano, en el quinto piso del Centro Cívico, se puede ver a Maxi, un chico sordo, sentado en un escritorio tras la pantalla de una computadora. Concentrado en su tarea, es distraído por María Agüero, que le muestra lo que tiene que hacer, mediante lenguaje de señas. Agüero trabaja en mesa de entradas de la Administración de Planeamiento y es la única intérprete de lengua de señas del lugar. Unos minutos después entra Tati, con unas carpetas de archivo en la mano. Se trata los dos únicos hipoacúsicos que están haciendo una práctica laboral en el Centro Cívico, para un materia del último año del secundario.
Tras casi un mes de trabajo, ambos ya se han integrado con sus compañeros y realizan sus tareas sin dificultad. “Al principio fue difícil porque no sabíamos cómo tratarlos. Los compañeros les tenían miedo”, comenta Agüero. Sin embargo, pronto todos se fueron acostumbrando. Ahora van juntos a desayunar, se juntan fuera del trabajo y se mandan mensajes por celular.
Tatiana Zapata tiene 20 años, es hipoacúsica, sólo escucha algunos sonidos y puede hablar, aunque con una pequeña dificultad en la pronunciación. Maximiliano Miranda, de 22 años, es completamente sordo, no puede hablar pero se hace entender con señas y algunos sonidos y gestos. Por las dudas, Tatiana siempre está a su lado traduciendo lo que dice su compañero mediante señas. Ella, a pesar de su dificultad para hablar, no tiene problemas en expresarse. Eso significó una gran ventaja al momento de aprender sus obligaciones en la oficina. “Maxi es un capo con la computadora y Tati es muy inteligente y rápida para aprender”, dice la intérprete.
Con cuatro horas por día de trabajo y de lunes a viernes, estos chicos han puesto en práctica todos los conocimientos aprendidos en la escuela y están haciendo todo tipo de tareas administrativas. Ahora tienen la consigna de ponerle código de barras a los expedientes. Ello requiere un gran trabajo previo, donde controlan nombres, direcciones y toda una serie de datos. Por supuesto, toda esta actividad es chequeada por Agüero, pero, según ella, esto no es necesario porque ambos trabajan muy bien.
Estos chicos serán los cuarto y quinto alumnos hipoacúsicos recibidos del secundario en la provincia, según María Rosa Luna, profesora del colegio Virgen de Andacollo (Chimbas). Y serán los primeros chicos hipoacúsicos recibidos del colegio. “Antes han venido al colegio otros chicos discapacitados, pero lamentablemente abandonan. La integración es una tarea muy difícil”, dice Luna.
“Lo que nosotros queremos es que otros chicos sordos sepan que pueden trabajar como nosotros, porque ninguno de nuestros conocidos ha hecho esto”, cuenta Tatiana Zapata. Y asegura que no conoce a ningún hipoacúsico, entre sus amigos, que haya podido hacer alguna vez una práctica en el mundo laboral. “Son chicos que aprenden rápido y que pueden hacer cualquier cosa. Lo único que necesitan es alguien que les traduzca en lengua de señas lo que tienen que hacer, pero una vez que lo aprendieron no tienen que depender de nadie”, cuenta la intérprete María Agüero.
Fuente: http://www.diariodecuyo.com.ar/home/new_noticia.php?noticia_id=284191