El mejor baile de Alfredo y Ana María

29 de Diciembre de 2008 en Noticias de Sordored

Alfredo González y Ana María García son pareja de baile y pareja doméstica. En su caso, ser compañeros de baile en la modalidad de folclore asturiano es algo sumamente excepcional porque son sordos profundos de nacimiento. Por eso mismo, su esfuerzo y pundonor presentándose este año al III Concurso de parejas de baile, organizado por el teatro Jovellanos en la plaza Mayor, a finales de verano, se ha convertido para sus compañeros de la Asociación de Sordos de Gijón en uno de los motivos de celebración del año 2008 que ya termina. Tanto es así que sus fotografías, una vestidos de asturianos y otra de los dos «artistas» posando con todos los compañeros, que fueron a agitar las manos a la plaza gijonesa en señal de aplauso y de enorme ánimo, ya se muestran en lugar bien visible en la sede de la entidad, en la calle Santa Ana.

«No pasaron de las semifinales, pero para nosotros son un ejemplo. Que se vea que somos capaces de bailar y de participar en actividades con los oyentes», dice Remedios Fernández, una de las integrantes de la entidad gijonesa que vivió «con enorme emoción» la actuación de Alfredo y Ana sobre el escenario de la plaza Mayor. «Yo estaba nerviosísima y sólo descansé cuando terminaron. Era como si bailara yo misma. Un orgullo increíble», sostiene la mujer.

Tras ese orgullo, al que reiteradamente aluden los compañeros de la asociación, se oculta todo el mérito de una pareja de asturianos por hacer visible el mundo de los sordos. Un mundo en el que ni suena la gaita, ni el repiqueteo del tambor, pero donde se pueden llegar a sentir las vibraciones del instrumento y, especialmente, las del tablero de madera sobre el que Alfredo y Ana marcaron los pasos en la plaza Mayor, algo que no habían sentido hasta entonces porque sus ensayos sobre suelo de loza no ayudaban demasiado. «Fue increíble la sensación», dice Ana.

No tuvieron una coordinación excelente, ni entraron en el inicio preciso, ni pudieron prescindir de contar los pasos, los giros y los tiempos, con una concentración tan evidente que hasta lo expresaban con su gestualidad y su vocalización. Pero con todo y con eso, interpretaron los tres bailes que requería la ocasión y se sometieron al escrutinio del jurado y al de todo el público que abarrotaba la plaza y superaron sus propias dificultades. Una de ellas, por ejemplo, que ninguno de los bailes se ajustaba exactamente a los conocidos.

«Vino a la asociación un experto del folclore que nos envió el teatro Jovellanos, al que agradecemos mucho su ayuda, y según los pasos que iba marcando Alfredo, decía “esto se parece a tal o cual baile”. Pero no era nada exacto, ni ellos sabían muy bien lo que bailaban, ya que era un recuerdo de lo que en su día habían visto hacer a los oyentes. Por eso tiene más éxito aún», explica Pilar Antolín, la intérprete de la Asociación de Sordos. «Si lo que queremos es la igualdad, pues igual que el resto. Nada de meternos en otras categorías. Y si no salió bien, ni perfecto, pues al año siguiente será un poco mejor», dicen los compañeros de la asociación, henchidos de satisfacción.

Para Ana María, «la experiencia fue muy buena. Me gustó mucho y fue superpositiva», sostiene. Fue ella la que tuvo que hacer un esfuerzo algo mayor para la ocasión, ya que partía de menos nociones que Alfredo. Su marido, natural de Mieres, cuenta que el baile asturiano le viene «de tradición familiar y, pese a mi sordera, desde pequeño mi familia me quería meter en los bailes a toda costa», cuenta. Recuerda aquellos momentos de su infancia «siempre al lado del tambor, para intentar notar las vibraciones, y viendo lo que hacían los oyentes». En la retina se le iban quedando algunos pasos y así iba él progresando. «Cuando empecé a salir con Alfredo no sabía que él sabía bailar. En comparación conmigo es casi un profesional», dice su mujer, que tuvo su acercamiento al baile folclórico en la Fundación Padre Vinjoy, aunque sin mucha constancia.

Ahora ya se plantean que su experiencia pueda servir para que otros compañeros se suelten con el baile y que experimenten con este movimiento. Todo sería bueno con tal de poder abrir el abanico de actividades, que ahora son muy limitadas, en las que puede participar el colectivo de personas sordas. Pero para eso, lo principal es contar con respaldo económico de las administraciones que les permita contratar más intérpretes. Porque, si fuera por necesidades, a Pilar Antolín no le darían tregua.

«Es la persona que nos acompaña a hacer gestiones, al médico, al banco, a Hacienda, la que se encarga de la asociación, del papeleo, de las actividades… son muchas cosas. Demasiadas, y no da abasto. A mí me gustaría ir algún día a misa, a una charla… pero para eso necesitaría llevarla conmigo. Y como yo, la mayoría de los sesenta socios de la asociación», expone Remedios Fernández. Esas necesidades tan sustanciales chocan con la realidad, ya que el 31 de diciembre se acaba el contrato anual -gracias a una subvención- de Antolín, y hasta que se concedan las nuevas ayudas «pueden pasar tres o cuatro meses para que podamos volver a tener a alguien. Así no hay quien lleve adelante casi nada. Necesitamos como mínimo dos personas», dicen. Remedios Fernández se lamenta: «Como no podemos hablar, no podemos protestar. Nos tratan como si no existiéramos, pero vamos a urgencias o al banco, como todos».

Fuente: http://www.lne.es/secciones/noticia.jsp?pRef=2008122900_35_711174__Gijon-mejor-baile-Alfredo-Maria