Embajadoras de los signos
14 de Marzo de 2009 en Noticias de Sordored
Revuelo en el aula del grado superior de Formación Profesional de Higiene Bucodental del colegio Santo Domingo de Silos de Zaragoza. 25 alumnos observan atentos los rápidos y seguros movimientos de manos de María Sánchez y Carolina Bordonaba, dos educadoras de la Agrupación de Personas Sordas de Zaragoza y Aragón (ASZA).
Una vez terminada la presentación en lenguaje de signos, debidamente traducida por una compañera de ASZA sentada entre los alumnos, comienza el juego. ¿Quién es la persona sorda y quién la oyente? María y Carolina guardan silencio e intercambian miradas y signos, intentan tentar a los jóvenes a descubrir cuál de las dos educadoras posee una discapacidad auditiva.
“Yo creo que es María”, afirma una alumna, “¿Por qué? Contesta en signos. Silencio, de nuevo dudas. Otra estudiante se aventura, “me da la impresión que es Carolina”. Al final, María y Carolina, Carol como se presenta en las aulas, deciden hacer votar a los alumnos a mano alzada. Los resultados dan un empate casi técnico pero al final se descubre el misterio: Carolina es sorda.
“Este ejercicio pretende demostrar a los jóvenes que la sordera es una discapacidad invisible, qué no es fácil detectar a una persona con discapacidad auditiva frente a otros discapacitados como ciegos”, explica la educadora oyente, María Sánchez.
No terminan ahí los ejercicios y las sorpresas a los futuros ayudantes de odontólogos, las dos educadoras, una con la voz y otra con el lenguaje de signos, “no son gestos”, matiza Sánchez, “todos podemos hacer gestos, las personas sordas o no”. Las profesionales de ASZA comienzan a poner a prueba los jóvenes trasladando situaciones del día a día de las personas con problemas graves de audición a su futuro laboral.
“¿Cómo le explicarías a un paciente sordo que tiene una caries en las muelas inferiores o que abra la boca?” pregunta María. Nadie responde, María mira Carol y habla lentamente para que pueda leerle los labios, “los sordos aprenden desde muy pequeños a leer los labios y es muy importante la comunicación visual para que puedan entender lo que intentamos decirles”, indica María.
Este ejercicio es uno de los tres que se proponen a los alumnos, “las clases de mayores se dividen en tres secciones, el trabajo del intérprete, el lenguaje de signos o el día a día de una persona sorda y cada una trata un tema, tienen una serie de preguntas que deben contestar y luego leerlas en el aula para así nosotros responderles si es verdad, es incorrecto lo que dicen o es falso y producto de un mito”, explica la educadora.
A los alumnos más pequeños, de Infantil y Primaria, se les explica a través de cuentacuentos y películas infantiles cómo es la vida de una persona con discapacidad auditiva, en este caso la cinta trata sobre un niño.
Este periplo por diferentes edades y colegios recorre todo Aragón durante el curso escolar, “llevamos en lo que va de curso 26 centros y continuaremos así hasta mayo”, comenta María Sánchez, el objetivo de estas reuniones informales y jornadas orientativas es mostrar a los alumnos qué barreras encuentran las personas sordas o qué situaciones de la vida cotidiana pueden afrontar como una persona más.
El objetivo es sensibilizar y eliminar tópicos
“Sobre todo una de las primeras cosas que nos gusta incidir que una persona sorda no es sordomuda, existen diferentes grados de sordera pero antiguamente las personas sordas no conocían el lenguaje de signos y eso daba sensación de que no podían hablar”, indica María quien añade que muchas personas sordas acuden durante años a logopedas para desarrollar su aparato fonador para poder usarlo y además cuentan con la lengua de signos que es otra manera igual de válida de comunicación.
Además, como indican las educadoras de la Agrupación, no es lo mismo un bebé que nace sordo o una persona que a los 25 años pierde la audición. “Cada persona es un caso diferente al resto y tiene sus dificultades pero eso no significa que no puedan ser independientes”, afirma María.
Y buena muestra de ello es Carolina, que explica a los estudiantes cómo sale de fiestas con sus amigos, cómo sabe si le llaman al timbre en su casa o simplemente cómo despertarse un día normal para ir a trabajar, “tengo un despertador vibrador que me coloco debajo de la almohada para despertarme o cuando llaman al timbre las luces de la casa parpadean para indicarme que alguien llama”, explica Carolina, traducida por su compañera.
Los alumnos no pierden atención de voz y signos, corrigen sus fallos, admiten sus errores y aceptan una realidad que en algunos casos les era desconocida. Una experiencia nada despreciable de tener en cuenta porque la “invisibilidad” de la sordera puede provocar algún que otro problema a la hora de entablar conversación o trabajar.
“Ha sido otra experiencia más y hemos aprendido que no les gusta que les llamen sordomudos”, indica una alumna. Al menos, uno de los tópicos más extendidos en la sociedad actual desaparecerá de esta aula zaragozana. Otra compañera de clase refuerza las tesis de su compañera, una experiencia “interesante” de la que aprender algo positivo.
Fuente: http://www.aragondigital.es/asp/noticia.asp?notid=57799&secid=9