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El silencioso mundo de Laura y su sorprendente pincel adolescente
Sun, Jun 1st 2008, 19:33
Temas: implante coclear chile
La pintura es la forma que tiene para manifestarse, ya que padece de sordera desde nacimiento. Hoy, y luego de una operación, Laura está atravesando el largo y difícil camino de la rehabilitación.
Laura espera impaciente a sus invitados en el hall del Liceo de Niñas para inaugurar la muestra de su último trabajo pictórico en la biblioteca del recinto. De pronto aparece su maestro, Julio Mendoza, y la chica salta de su asiento para abrazarlo y mediante gestos le hace saber que está contenta con su presencia. A pesar de que él jubiló el año pasado, Laura aún le agradece el aprendizaje de las técnicas que hoy aplica en los lienzos que forman parte de la muestra. Su hipoatucia bilateral profunda (sordera) ha sido la excusa para que ella desde los nueve años se haya internado en el mundo de la pintura.
Su madre, Sandra Lalanne, explica que Laura pinta como una forma de expresar sus sentimientos “ya que no lo puede hacer como una niña normal. El año 2006 fue sometida a un implante coclear para recuperar la audición. Tiene posibilidades, pero ahora sólo escucha melodías. Es un proceso lento porque no pueden darle calibración total, los ruidos la volverían loca”, advierte. Sandra recuerda que cuando se planteó la posibilidad de que Laura fuera una niña normal, el camino fue muy difícil. “Ningún kínder ni jardín me la admitió por su defi - ciencia y empezamos a buscar instancias, hasta que me la recibieron en la Escuela República Federal de Alemania desde los 2 años cuatro meses como una alumna cualquiera. Cuando terminó la enseñanza básica empezó en el Liceo de Niñas”.
La lucha de Sandra ha sido larga y dolorosa. “Son años de caminatas, puertas que se abrían, otras que se cerraban, pero una ventanita siempre nos daba la posibilidad de que ella pudiese salir adelante airosa. Si me preguntan en este momento cómo me siento, estoy sumamente cansada porque es un trabajo realmente inmenso. Sobre todo ahora, con la rehabilitación. Ella trabaja mucho más que una niña normal, aparte de sus clases, tiene que asistir periódicamente a Concepción y Santiago con fonoaudiólogo. Pero es importante que ella acepte su implante cada día”.
Laura Rodríguez ahora tiene 15 años y es una niña “completamente normal, con sus rebeldías y lo propio de la edad. Es realmente detallista en todo el sentido de la palabra, porque todo le tiene que salir perfecto”, agrega. El 2006, antes de entrar a pabellón para someterse a la cirugía de implante, Laura escribió desde su cama estas frases: “Pensando, angustiada qué vendrá después. Pensando en qué sentiré al pasar desde el mundo del silencio al mundo del oyente.
Pensando que he sido parte de una gran obra al recibir un implante coclear que me permitirá escuchar con la ayuda de Dios y de ángeles que trabajan en la tierra. Pensando que todo es poco a poco, paso a paso y así podré salir adelante”. EL MAESTRO El profesor Julio Mendoza comenzó a enseñar dibujo y pintura a Laura cuando ella tenía tan sólo nueve años de edad en la Escuela de Cultura Artística Claudio Arrau. El profesor recuerda que el primer acercamiento entre ambos fue impactante para él. “Tuve que crear un mecanismo de comunicación, pero fue un desafío muy bello para mí como docente”.
“A través de gestos, aprendimos a comunicarnos y ella siempre fue muy inteligente. Por eso, la relación se nos hizo muy fácil”, recuerda. “La pintura como cualquier ofi cio requiere de práctica y ella debe continuar practicando todos los días”, le aconseja ahora que ya no está a su lado.
Laura espera impaciente a sus invitados en el hall del Liceo de Niñas para inaugurar la muestra de su último trabajo pictórico en la biblioteca del recinto. De pronto aparece su maestro, Julio Mendoza, y la chica salta de su asiento para abrazarlo y mediante gestos le hace saber que está contenta con su presencia. A pesar de que él jubiló el año pasado, Laura aún le agradece el aprendizaje de las técnicas que hoy aplica en los lienzos que forman parte de la muestra. Su hipoatucia bilateral profunda (sordera) ha sido la excusa para que ella desde los nueve años se haya internado en el mundo de la pintura.
Su madre, Sandra Lalanne, explica que Laura pinta como una forma de expresar sus sentimientos “ya que no lo puede hacer como una niña normal. El año 2006 fue sometida a un implante coclear para recuperar la audición. Tiene posibilidades, pero ahora sólo escucha melodías. Es un proceso lento porque no pueden darle calibración total, los ruidos la volverían loca”, advierte. Sandra recuerda que cuando se planteó la posibilidad de que Laura fuera una niña normal, el camino fue muy difícil. “Ningún kínder ni jardín me la admitió por su defi - ciencia y empezamos a buscar instancias, hasta que me la recibieron en la Escuela República Federal de Alemania desde los 2 años cuatro meses como una alumna cualquiera. Cuando terminó la enseñanza básica empezó en el Liceo de Niñas”.
La lucha de Sandra ha sido larga y dolorosa. “Son años de caminatas, puertas que se abrían, otras que se cerraban, pero una ventanita siempre nos daba la posibilidad de que ella pudiese salir adelante airosa. Si me preguntan en este momento cómo me siento, estoy sumamente cansada porque es un trabajo realmente inmenso. Sobre todo ahora, con la rehabilitación. Ella trabaja mucho más que una niña normal, aparte de sus clases, tiene que asistir periódicamente a Concepción y Santiago con fonoaudiólogo. Pero es importante que ella acepte su implante cada día”.
Laura Rodríguez ahora tiene 15 años y es una niña “completamente normal, con sus rebeldías y lo propio de la edad. Es realmente detallista en todo el sentido de la palabra, porque todo le tiene que salir perfecto”, agrega. El 2006, antes de entrar a pabellón para someterse a la cirugía de implante, Laura escribió desde su cama estas frases: “Pensando, angustiada qué vendrá después. Pensando en qué sentiré al pasar desde el mundo del silencio al mundo del oyente.
Pensando que he sido parte de una gran obra al recibir un implante coclear que me permitirá escuchar con la ayuda de Dios y de ángeles que trabajan en la tierra. Pensando que todo es poco a poco, paso a paso y así podré salir adelante”. EL MAESTRO El profesor Julio Mendoza comenzó a enseñar dibujo y pintura a Laura cuando ella tenía tan sólo nueve años de edad en la Escuela de Cultura Artística Claudio Arrau. El profesor recuerda que el primer acercamiento entre ambos fue impactante para él. “Tuve que crear un mecanismo de comunicación, pero fue un desafío muy bello para mí como docente”.
“A través de gestos, aprendimos a comunicarnos y ella siempre fue muy inteligente. Por eso, la relación se nos hizo muy fácil”, recuerda. “La pintura como cualquier ofi cio requiere de práctica y ella debe continuar practicando todos los días”, le aconseja ahora que ya no está a su lado.